RELATO: LA NOTA

SANGRE-DE-DONCELLA

[TRANSCRIPCIÓN DE AUDIO]

GRABACIÓN ENCONTRADA EN EL TELÉFONO MÓVIL DE J.O.V.

30 de Julio 2015

 

[Suena música de Wagner]

[Se escuchan pasos]

 

Mira lo que has hecho. Sólo un loco, sólo un animal podría hacer algo así… Me da igual lo que digas. Da igual que mientas, que me cuentes la verdad. Ambos sabemos que vas a morir, y que soy yo el que te va a matar.

Lo haré con mis manos, lo haría de mil maneras. Pero por desgracia, no encontraré la forma de hacerte sufrir tanto como tú has hecho sufrir a esas personas, tanto como me has hecho sufrir a mí. Será rápido.

He tenido que escuchar y ver. He tenido que callarme cuando lo único que me apetecía hacer era gritar. Dejarme la garganta para defender la verdad, una verdad que es la mía. Pero no. No pude hacerlo. Allí estabas tú para desdecirme, para tapar mi boca y poner tu voz en contra de mi voluntad. Pero ya me he cansado. Me he cansado de ti.

¿Cuántos años? ¿Veinte? ¿Veinticinco? No has parado de joderme cada vez que has podido. Quizás la culpa fuera mía. Tenía que haberme apartado de ti. Mi madre, a su manera y con buenas palabras, ya me decía que no eras buena compañía. Demasiado mayor para andarme con juegos así. Ya no eres un niño, me decía. Primero sonreía, luego se cansaba y… La pobre mujer temía al qué dirán. Tuvo que agachar la cabeza muchas veces. No debe ser del agrado de una madre que ciertas cosas lleguen a tus oídos en voz de aquellas personas a las que tienes que ver cada día. Sangre de tu sangre en boca de los que no entienden que yo era especial… Pero todo se acabó. Ahora soy yo el que te tiene aquí. Y te he cerrado la boca para que no puedas decir nada. Nadie va a escucharte, nadie escuchará tus gritos… Voy a matarte.

Tengo curiosidad. Quiero saber porqué lo hacías. Qué era lo que te movía… ¿Cómo dices? ¿Ahora quieres hablar?… Ni lo intentes. Ni te muevas. No vas a conseguir convencerme. Seguro que él suplicó que no lo hicieras. ¿Samuel es su nombre? Cómo iba a saber que terminaría con la boca llena de… Le hiciste creer que eras su amigo. Te apreciaba de verdad. Conociste cosas que no contó jamás a nadie. Confesó sus secretos. Estuvo años ocultando lo que su tío hacía con él y con su hermana cuando pasaban las vacaciones de verano en ese pueblucho medio abandonado. He de reconocer que lo hiciste muy bien. Te ganaste su confianza, pero te aprovechaste de ella. Tú no le contaste nada más que mentiras. Le hablaste de una infancia feliz, de un padre modélico y de una familia que siempre te respetó. No le hablaste de tu padre, de lo que hacía a tu madre. No mencionaste nada de lo que pasaba en el colegio entre clase y clase con esos que decían ser tus compañeros.

¿No sentiste pena? ¿No hubo nada en tu interior que te hiciera echar marcha atrás?… Te he dicho que no te muevas. Que no lo intentes. Tus palabras ya no sirven, como tampoco sirvieron las de Samuel. Tuvo que tragárselas junto a sus dedos. Hasta en eso mentiste. Le cortaste siete dedos y se los hiciste comer para poder salvar la vida. Terminó con el estómago lleno, pero con las venas vacías. Toda aquella sangre cubría el entarimado sobre el que caminasteis, sobre el que bailasteis, sobre el que os… besasteis. Para él no era un secreto, pero parece ser que para ti resultó una ofensa, un insulto. ¿Qué es lo que más rabia te dio? ¿Qué lo descubriera sin más?… ¿Temes que se note demasiado?… Mírate. Mírate bien. No puedes disimularlo. Difícilmente vas a aceptar a otros cuando ni tan siquiera te aceptas a ti mismo.

Dejaste que muriera desangrado. Te sentaste junto a él y lloraste. Tus lágrimas corrían por tus mejillas, mojaban tus labios y te hacían temblar. Te conozco bien. Seguro que en un primer momento te sentiste arrepentido. De una manera absurda, y pensando en no sé qué dioses, quisiste despertarlo. Esperabas que despertara. Le agarraste del brazo, sacudiste su cuerpo como sin con ello fuera a reaccionar. Querías despertar de una pesadilla y hacerle despertar a él de… Pedías que sonriera, que contestara a tus preguntas, que diera continuidad a tus palabras. Pero él no decía nada. Él estaba muerto.

[Se escuchan pasos que se alejan, ruidos metálicos]

[Se escuchan pasos que se acercan]

Y tú vas a estarlo en pocos minutos. Y no creo que puedas encontrarte con Samuel en el paraíso, como tampoco te encontrarás con Rebeca, tu compañera de trabajo. ¿También te enamoraste? ¿Cuántas veces le dijiste que la querías después de acostarte con ella?… Tenía una familia, un marido que la quería y dos hijos que colmaban la ilusión que persiguió durante gran parte de su vida. Renunció a todo por ti. Dio la espalda al amor por un amor que no lo era… No era nada. No era amor.

[Se escucha una silla arrastrada por el suelo]

No te servirá de nada. Estate quieto de una vez. Hasta aquí has llegado. Estate quieto. Estate quieto… ¡Estate quieto joder! ¡Quieto!… Mientes. No la querías. A una persona a la que se quiere no se le hace lo que hiciste. Si la hubieras querido, ella estaría ahora aquí contigo. No estaría repartida por toda la ciudad… Adorabas su cuerpo. Adorabas perderte entre sus piernas. Acariciabas sus pechos como si fueran dos tesoros que por fin habías encontrado después de una búsqueda eterna. No había nada como el cuerpo desnudo de Rebeca al amanecer. Pero también era inigualable en un cuarto a oscuras de la oficina, o en el ascensor, o en los asientos traseros de tu coche… Cualquier lugar se convertía en un lugar único si estabas dentro de ella. Pero de nuevo algo falló en el interior de tu cabeza. Algo que por fin logro entender, y a lo que voy a poner fin, hizo que actuaras como un auténtico animal, como una bestia que comparada con el diablo, hace que éste sea como un pobre gatito abandonado… Si tanto adorabas su cuerpo, ¿Por qué lo cortaste en pedazos? ¿Cuántos fueron? ¿Cómo fuiste capaz de hacerlo?… La carne se abría ante la insistencia del acero. Apretabas hasta sentir que los huesos se partían. Apartabas los pedazos, los introducías en aquellas bolsas azules que luego cerrabas con tanta delicadeza. Y entonces te acordabas de ella. Escuchabas su voz, su sonrisa… Dabas vueltas sobre tus propios pasos buscando a Rebeca. Creías que iba a estar allí, desnuda junto a ti. Pero la realidad era otra. La realidad eran más de cuarenta bolsas apiladas sobre un sofá en el que aquella misma tarde, habíais hecho el amor.

[Se escuchan pasos alejarse]

[Se escuchan lamentos]

Te abalanzaste sobre las bolsas como si lo hicieras sobre su cuerpo desnudo. El plástico se retorcía entre tus dedos. Adivinabas partes de su anatomía que habías recorrido con tus besos y que ya no respondían a tus caricias. Hacías lo imposible por imaginar que resonaban sus gemidos. Pero sólo era plástico. Bolsas de basura llenas de carne muerta. Agarraste su cabeza y la besaste. Saboreaste el dolor que ya comenzaba a empujar en tus entrañas y que ye te hizo llorar como un niño al que le acaban de romper su juguete preferido.

Te sentaste en el suelo. Te arrastraste como una serpiente preguntándote porqué lo habías hecho. Exactamente igual que después de haber convertido a Samuel en un pedazo de carne fría y gris que comenzaba a pudrirse atada a una silla. Él lleva en el cuarto de estar más de un mes. A Rebeca la desperdigaste por papeleras y contenedores en múltiples paseos nocturnos que la culpa te obligaba a dar. A ella se la comen las ratas mientras que los gusanos hacen lo propio con el cuerpo de él. Despiertas cada mañana con la ilusión de encontrar a Samuel sentado en la mesa para desayunar contigo. Quieres escuchar sus buenos días, pero lo que llega tus oídos es el zumbido de las moscas que disfrutan de su cuerpo tanto como lo hiciste tú. Moscas. Muchas moscas. Las moscas zumban, y zumban, y zumban…

[Se escucha un timbre]

[La música se corta]

[Se escuchan pasos muy lentos]

[Se escucha un timbre]

[Silencio]

[Se escuchan pasos acercarse]

¿Abrirías?… Ya lo creo que sí. No tenías bastante. Cuando tu vecino llamó a la puerta, alertado por la peste que salía de este apartamento, abriste como si nada. Le hiciste pasar. Disimulaste con palabras de loco. Negaste con una sonrisa de un lado a otro de tu cara. No huelo nada, decías. Mentías. Ese olor a carne podrida casi hacía que te lloraran los ojos. En tu garganta se había instalado un sabor agrio que devoró tu sentido del gusto. Acababas de desayunar junto a… Samuel, pero el café y la tostada te supieron a…

[Se escucha un timbre]

Quien llama no terminará como tu vecino. No dejaré que le partas la cabeza en dos y que pisotees sus sesos. Supongo que en ese caso actuó la rabia. La impotencia. Quizás fue alguien que se opuso a tu idea de realidad, una realidad irreal. Los gestos te delataron. Tus palabras fueron como dedos que señalaban a alguien que no decía la verdad. Cómo esperabas que creyera que estabas con un amigo en casa. ¿Samuel? ¿Samuel?… Estabas llamando a un muerto que llevaba semanas en la sala de estar. ¿De verdad pensabas que iba aparecer allí?. Tu vecino te apartó y se perdió por el pasillo. No fuiste capaz de detenerlo. Una mueca sonriente perfiló por un segundo tu gesto y te llevó a descubrir esa pesada piedra que te empeñaste en traer desde México… Te acercaste al aparador, la cogiste y fuiste directo a la… Cuando tu vecino apareció con la cara desencajada y tapándose la boca, levantaste la piedra y la hundiste en su cráneo. Fue rabia. Impotencia. Cada golpe que dabas no hacía que te sintieras mejor. No paraste hasta dejar su cabeza como una papilla…

[Se escucha un timbre]

Ni tan siquiera te molestaste en limpiarlo. Ahí continúa tu pobre vecino. Ahora las moscas tienen más donde comer. Pronto llegarán los gusanos, pero… no estarás aquí para verlo. Yo voy a matarte. Voy a terminar contigo para que nada de lo que has hecho vuelva a repetirse. No voy a esmerarme tanto como tú. Seré rápido. No pienso recrearme, porque sería darte un gusto. Tal y como funciona tu cabeza, no sería de extrañar que disfrutaras de tu propia muerte. Una muerte lenta y dolorosa…

[Se escucha un timbre insistentemente]

[Se escucha como alguien fuerza la puerta al otro lado]

Me he tomado la molestia. Antes de que tiren la puerta abajo quiero que leas esto. Es una nota. Son unas cuantas palabras que quiero que leas. Digamos que se trata de una despedida. Palabras que me exculpan de todo. Yo no hice nada. Fuiste tú. Sólo tú…

[Se escuchan un papel]

         Hasta aquí hemos llegado. Se terminó. Se acabó hacerte caso. Espero que te pudras en un lugar peor que el mismísimo infierno.

[Suena música de Wagner]

[Se escucha un disparo]

[ESTA ES LA NOTA QUE APARECIÓ JUNTO AL CUERPO SIN VIDA DE J.O.V.]

 

NotaManuscrita

 

Un relato escrito por @teorodriguezcom

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