ESTÁ AQUÍ

“…Another day has gone,
I’m still all alone…”

Hoy tampoco puedo dormir…, son ya muchas las noches que despierto con la misma sensación… Con la misma compañía… Sé que estás ahí…

“…How could this be
You’re not here with me…”

El calor hace saltar por los aires las sábanas, dos manotazos apartan de mi lado la almohada, las cortinas bailan…, me gritan que ellas también lo saben… Saben que estás aquí…

“…You never said goodbye
Someone tell me why…”

Me incorporo, me siento…, melódicamente mis pies golpean el suelo una y otra vez esperando que tus manos salgan bajo la cama para hacerlos parar… También… saben que estás aquí…

“…Did you have to go
And leave my world so cold…”

Cierro los ojos para ver los tuyos…, guardo silencio para escuchar tu voz…, contengo la respiración y… …tus pasos entran en la habitación… Ya estás aquí…

“…Everyday I sit and ask myself
How did love slip away…”

Mis manos aprietan el colchón hasta empalidecer mis nudillos…, mis dientes hacen fuerza hasta confundir su rechinar… con el chirriar de la puerta que de tremendo golpe se cierra a mi espalda… Ya estás dentro…, con tu noche…, con tu luna… No estoy solo…

“…Something whispers in my ear and says
That you are not alone…”

Tus pies se deslizan sobre la tarima de igual manera que el sudor lo hace por mi espalda helando por completo mis sentidos… Sentidos poseidos por ti…

“…For I am here to stay
Though you’re far away
I am here to stay…”

Nunca te has ido…, estás aquí…, siempre estarás aquí…

“…You are not alone
I am here with you…”

Lo dice tu canción…

“…Though we’re far apart
You’re always in my heart
You are not alone…”…

No estoy solo…, lo sé… Está aquí

MJ…, está aquí…

Teo R.

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Una décima de segundo, ese fue el tiempo que tardó en aparecer… Reflejada en el cristal de mis retinas, con la intensidad de un relámpago, se dibujó una imagen de tez albina y diabólicamente angelical. ¿Sería real aquella aparición? ¿Sería fruto de algún tipo de ensoñación o desvarío? ¿Una jugada más del agotamiento que gobernaba mi cuerpo?…

Mis sentidos se sonrojaron ante tal avalancha de sensaciones sin palabras. Se clavaron en mí unos heladores y descarados ojos acaramelados, adornados en sus inmediaciones por susurrados tonos violetas y un exagerado cerco ébano que acentuaba aun más lo celestial de aquella visión. Su rostro liso, marfilado, de fisonomía casi artificial y simetría magistral, estaba enmarcado en una larga melena de incierto color que reposaba desordenadamente sobre desnudos hombros…

Brazos finos y estilizados, vientre plano y esculpido, piernas largas y firmes, su cuerpo era todo un alarde de perfectas proporciones hecho para deleitar, para ser admirado. Vestía completamente de negro, como su boca… Allí me detuve, en el silencio desgarrador y sinuoso de aquellos labios. Hipnótica espiral de sugerentes tentaciones, un fantasioso recorrido de deseo por el que me deslizaba caprichosamente…

Inmerso en un oasis de cristalinos murmullos de naturaleza extraordinaria era consciente de que mi ser era poseído por una, cada vez más, extraña perversión. Todo era demasiado perfecto. Debía estar soñando. ¿Has tenido alguna vez esa sensación?, sabes que estás soñando pero no quieres despertar, temes que suene el móvil, la alarma, que un ruido o la luz de la mañana te saque de tu propia ilusión…

Hice esfuerzos por mantener viva mi fantasía, pero aquella secuencia de mágicos fotogramas se desvanecía sin que pudiera hacer nada. Todo se fundió en negro, sentí que flotaba en la oscuridad, libre de cualquier contacto físico. Muy a mi pesar, el chirriante ambiente y el repetitivo traqueteo, rompieron la tranquilidad que domaba mis pensamientos. Desperté. Aún a oscuras, suspiré profundamente añorando lo que hacía apenas unos segundos me aislaba de la exasperante y mediocre realidad…

Abrí los ojos, no daba crédito, ¡era imposible!, volví a cerrarlos, conté hasta tres y los abrí de nuevo. ¡¡Ella, ella estaba allí!! ¡¡Sentada a mi lado!!, justo donde se había quedado en mi sueño. Todos y cada uno de los detalles que cautivaron en silencio mi mente eran ahora reales, posaban de igual manera junto a mí. El descaro de su mirada, la brillantez de su piel, lo estilizado y sinuoso de su figura, el silencio apasionado de sus labios… su hechizo…

Ella estaba allí…, pero no me atreví a decir nada… Hoy, cada vez que entro en este vagón… miro su asiento…, la imagino ahí sentada… Hoy sé que la próxima vez que la mire a los ojos… será para siempre

Teo R.
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Recuerdo la última vez que nos vimos… A pesar de sus intentos por hacerme creer que las cosas iban mejor…, sus ojos me decían otra cosa. Era una de esas personas que con la mirada te contaban todo… sin necesidad de pronunciar una sola palabra… En ellosl había cansancio, tristeza, dolor, culpa…, sobretodo eso… mucha culpa…

“Todo está bien…, de verdad… Este tiempo me ha venido bien para aclarar muchas cosas… Incluso he pensado en el trabajo…”… Eso me dijo…, pero no…, no era eso lo que quería decir… “Venía en el coche pensando en una historia alucinante de fantasmas…, ¡¡la mejor historia que he escrito jamás!!…”… Sin quererlo eso fue lo que le delató… Él jamás decía nada de sus historias…, jamás había hablado acerca de la calidad de las mismas…, y menos aún las comparaba… Como él decía siempre… “cada historia es diferente…, cada historia es una parte de mí…, cada historia cuenta lo que pasa por aquí…”… mientras ponía su mano sobre el pecho… Y esa noche… no lo hizo. Esa noche su mano… estaba ocupada… …

Guardé silencio…, esperaba a que él sacara el tema… ¿Qué tema?…, te preguntarás… … La verdad es que no era uno…, en los últimos meses las cosas se habían torcido bastante… Todo muy seguido… Un golpe tras otro… Era imposible que en unos cuantos días… todo aquel dolor quedara atrás… Él era fuerte… pero comencé a pensar que quizás no lo suficiente…

Cada segundo que pasaba… le era más difícil mantener esa sonrisa… Era demasiado forzada… Los músculos de la cara… y sobretodo su corazón… se veían incapaces de contener tantas y tan dolorosas emociones… Cuando me dijo que ya estaba preparado para volver…, quizás debí decir o hacer algo para impedirlo… “¿Sabes que ella me quiere verdad?…”… No pude decir nada. “…ella me quiere a su lado…”… Mi corazón se detuvo…

Caminó de un lado a otro de la habitación…, sacudía sus brazos…, estaba muy nervioso. De repente se detuvo frente a un… …”¿sabes de qué va la historia?…” preguntó…, yo respondí con otra pregunta… ¿la qué ibas pensando en el coche?… Sólo quería ganar tiempo… … Agacho su cabeza y segundos después levantó su mirada clavándola en mí sus ojos… Fue entonces cuando entendí definitivamente… que la cosa no acabaría bien…

Su boca comenzó a temblar…, un movimiento descontrolado de los labios acompañado de una respiración quebrada por un esfuerzo sobrehumano por contener las lágrimas…, precedieron a unas palabras rotas que ahora si comenzaban a decir la verdad…

“…¿Sabes?…, la historia es de un fantasma… De una mujer que se aparece… en mitad de la noche para recordar a su amado… que ella se ha ido…, y que se ha ido para siempre…”…

Sin parpadear… se acerco un poco más a….

“Unas veces… las manos finas…, pero heladas de ella…, se cuelan bajo las sábanas hasta clavar sus uñas en la espalda de él…, otras… simplemente aparece de pié junto a la ventana…, y en otras… incluso ella se abraza a él para susurrarle al oído… algo que…, algo que me parte el alma… ‘la culpa…, todo fue culpa tuya’…, eso dice… eso me dice… …, y lleva razón…, ella se ha ido por mi culpa… Lo tenía todo…, ella lo tenía todo… ¿Cómo crees que me siento?… ¿Eh?… ¡¡¡¡Dime!!!!…. ¡¡¡¡¿Cómo crees que me siento?!!!!”…

Las lágrimas comenzaron a brotar empapando en dolor y angustia sus mejillas…, …mis mejillas… … Mi garganta se hizo un nudo…, mi garganta… que también era la suya… Apreté con fuerza una de mis manos…, llevé la otra lentamente a mi cabeza…, que… era su cabeza…, ambos cerramos los ojos y… …nuestro dedo índice… hizo el resto… Un latigazo de fuego… paró el tiempo en silencio… Paró una mitad de mi vida…

Lo siguiente que vi… fue mi cuerpo caer frente a un… …frente a un espejo salpicado en sangre… sobre el que había pegada una hoja con… su última historia…, con mi última historia…, UNA DE FANTASMAS que acaba justo ahora…, justo cuando el reloj marca las 21:18h…

Teo R.
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(1)
Un soplido helado me hizo abrir los ojos… Un repentino y de inmediato inmóvil sobresalto llevó mi vista a la ventana… Estaba cerrada…, como la puerta de mi habitación… A la vez que contenía la respiración… me preguntaba acerca de esa gélida caricia que me tenía preso sobre la cama… Sabía que ella estaba allí…, justo a mis espaldas… tumbada a mi lado… Tan cerca… pero tan lejos… Pero como entonces, ya nada es igual…

(2)
Llevo mirando tus labios toda la noche…, me dicen que corra a por ellos…, pero tengo mis dudas… Por primera vez creo que siento verdadero miedo… Prefiero besarlos con mis ojos… a perderlos definitivamente en un intento fallido de hacerlos míos… Sé que lo sabes.., sé que sabes que te estoy mirando… Sé que tras esos ojos cerrados… me miras fijamente… ¿Qué cómo lo sé?… Me lo dice tu mano…, me lo dice tu dedo…, me lo dice su timidez al deslizarse por mi brazo… ¡Qué escalofrío!…, pero que diferente…, qué distinto al pasado…

(0)
Nuestras conversaciones eran absurdas discusiones en silencio…, poco a poco ni las miradas decían nada… Cada noche más fría que la anterior… Te movías de vez en cuando quizás para decirme que aún estabas ahí…, que aún estabas ahí para ver si pasaba algo… Pero no pasaba nada… De pasar algo… sólo pasaba el tiempo…, y lo hacía muy lento…, desesperadamente lento… Por eso ahora los minutos parecen segundos…

(8)
Tu dedo se ha detenido… ¡lo mismo me he acercado demasiado!… Lo he hecho tanto que es tu aire el que respiro… Eso quisiera yo… ¡¡tu aire!!…, que me lo dieras todo… ¡Me he acercado demasiado!…, lo he hecho tanto que te has girado…, te has dado la vuelta…, pero eso si… lo has hecho sin soltar mi mano… Ahora la calmas…, la aprietas…

(2)
Tuve que levantarme…, sentarme en la cama y mirar a través de la ventana… La noche parecía reírse de mi… Los árboles iban de un lado a otro, negaban con sus ramas lo que ya estaba anunciado…, pero aún así no quería aceptarlo… Mientras ella seguía ahí…, apoyada sobre la almohada sin hacer ni decir nada… una noche más… ¿Cuántas iban ya?… ¿Cuántas quedarían aún?… Una agonía que latía dentro de mí…, ocupaba ahora el lugar que con sonrisas antes era suyo… Sonrisas como…

(0)
…la que veo ahora de refilón marcada en tu mejilla… Otra vez sabes que te estoy mirando… Por eso acabas de tirar de mi para pegar mi pecho a tu espalda…, para acercar mis labios a tus hombros…, para hacerme saltar por los aires de un momento a otro… Creo que ahora mi corazón es un latido continuo…, y lo debes estar notando… porque esa sonrisa sigue alojada en tu rostro… Vale… pues me acerco…, me acerco un poco más… … ¡¡sueltas mi mano!!… Pero por qué te he…, y ahora…, ahora retiras el pelo de tu cuello… Lo muestras, lo dejas libre… ¿lo acaricias para decirme cómo debo hacerlo?… ¿piensas que ya no sé hacerlo?… …

(0)
Cada vez hace más frío en la habitación… Cualquiera diría que ya es verano… Cualquiera diría que es sudor lo que empapa mi rostro… ¿o son lágrimas?… Mis manos se pierden en mi cabeza…, alborotan mi pelo al límite de la desesperación…, y nada… ¡¡ella no dice nada!!… Me giré y allí estaba… sobre la almohada… Allí estaba su foto…, lo único de ella que quería hacerme compañía… Pero se acabó… ¡¡sólo quiero a quien lo merezca!!… A alguien como ella…

(9)
… Vuelves a… …, con delicadeza entrelazas tus dedos con los míos…, aprietas con suavidad… Tiras de la mano…, tiras de mi brazo…, ya no puedo estar más pegado a ti… Sin querer…, mis labios chocan con tu cuello… Ahí me paro…, ahí cierro los ojos…, el tiempo se para…, contengo la respiración hasta no poder más…, hasta que sin darme cuenta…, … tus labios me atenazan… tus labios dan a los míos el aire que me faltaba… el aire que no sólo me hacer respirar…, también es el aire que me hace vivir…, que me hace sentir…

Anoche soñé… que escapabas de la fotografía…

Teo R.marco_dorado1

Creo que a estas alturas lo habéis visto todos…, pero sólo por el trabajo tan increíble que mi amigo Sergi y su equipo se pegaron… merece la pena recordarlo…

Gracias Sergi, este fue el comienzo…

El Miedo

Como comenté en un post anterior, he tenido el placer de colaborar con un prólogo en el libro “Déjame Salir”, una publicación de la Editorial Círculo Rojo. El libro está repleto de relatos de eso que tanto nos apasiona… ¡¡¡el Miedo!!!… Aquí os dejo el citado prólogo…

EL MIEDO

¿Qué es el Miedo? ¿Qué es esa continua sensación de peligro de la que queremos huir…, pero que a la vez no queremos dejar escapar? ¿Qué es eso que nos hace cerrar los ojos con fuerza y que lo mismo no queremos abrir por si despertamos de nuestra maravillosa pesadilla? ¿Qué es el Miedo?… Creo que el Miedo… no se define…, el Miedo… se siente.

Es una mágica sensación de pavor que hace que viajemos a lo más profundo de nuestros sentimientos. Si uno es capaz de llegar a conocer sus propios miedos… es capaz de conocerse mejor, de sentir de otra manera…, de hacerlo “desde el otro lado”… Se puede vivir con Miedo, es más, me atrevería a decir que el Miedo es necesario para la vida… Sin su compañía estaríamos huérfanos de criterio, nos faltaría ese segundo imprescindible para darnos cuenta de lo que está bien…, de lo que está mal.

Hay tantos miedos como personas, cada uno tenemos los nuestros…, eso también nos hace diferentes… Es como poner cara al personaje de un libro o a una voz de la radio. Con el Miedo pasa igual…, todos creamos nuestra “terrorífica” imagen, y lo hacemos al límite…, ya que es ahí donde se debe llegar para disfrutar de él. Por naturaleza, el hombre necesita emociones que generen en uno ese vértigo que mueve nuestro corazón hasta hacerlo latir de tal manera, que latido a latido, puñetazo a puñetazo sobre nuestro pecho nos grite… “¡¡Eh, tú estás vivo!!”… Ya lo creo, claro que estoy vivo… Es ese ancestral instinto de supervivencia lo que alimenta nuestros miedos…, y esos miedos son los que nos mantienen en alerta.

Con el paso de los años se puede llegar a ser amigo del Miedo… En nuestra infancia es angustia…, con la madurez se convierte en un electrizante placer “controlado”… o no… Ahora con 36 años…, sigo teniendo miedo. Sigo dejando la luz encendida. ¿No lo crees?… Pues es tal y como te lo digo… Verás… El pasado verano me fui unos días a la Comarca del Liébana, a los pies de los Picos de Europa… lo hice solo. Quería descansar, pero sobretodo buscaba inspiración… El lugar era maravilloso, tranquilo…, silencioso… Bueno, esto último… no del todo… La habitación de la casa donde me hospedaba era abuhardillada, con unas enormes vigas de madera que cruzaban el techo de lado a lado…, al fondo… una pequeña ventana que ofrecía una espectacular vista de las montañas… Espectacular de día… pero por la noche… La noche era diferente…


Aquel día caminé durante más de nueve horas… Llegué derrotado… Bajo la ducha, bajo el agua helada…, intentaba poner en orden mi cabeza. Os garantizo que no es fácil… Antes lo complicado era encontrar una historia…, ahora lo complicado es dejar de pensar en ellas…, y más si uno se retira a un lugar donde la inspiración se encuentra en cada rincón…, al otro lado de una puerta…, de la puerta de mi habitación… Yo estaba dentro…


Llegó un momento en el que dejé de sentir el agua sobre mi piel… ¡¡estaba en una de mis historias!!… Abrí los ojos de golpe, volví a sentir el agua…, y algo más… Un sonido extraño me hizo cerrar el grifo…, me quedé quieto…, no moví un solo dedo… Pero nada…, allí no había nada… ¡¡¡¿pero qué iba a haber?!!!…


Cuando salí del baño vi sobre el escritorio mi ordenador… Lo miré como diciendo… “tío, estoy hecho polvo… ¿lo dejamos para mañana?”… Y así fue…, tanto él como yo sabíamos que esa noche no iba a ser buena para escribir…, lo que no sabía es que tampoco lo sería para otras cosas… Lo apagué, lo cerré y caminé a la ventana… Lo que en la mañana era un espectacular paisaje lleno de colorido…, ahora era oscuridad…, una monótona oscuridad que parecía infinita…, sólo rota de vez en cuando por las voces de la noche…


Algo sonó a mis espaldas…, no me giré…, miré en el reflejo de la ventana… Era la maldita puerta…, una vez más… se había abierto sola… Me dijo la casera que lo miraría…, pero era evidente que no lo hizo… Así que me acerqué y puse sobre ella una mochila para sujetarla… Después… me metí en la cama…


Mis ojos se cerraron en busca de descanso… pero era tan inquietante el silencio que me envolvía…, que cada quince o veinte segundos los abría… Y cada vez que lo hacía… la oscuridad era más fría… Me giré, me tumbé boca abajo… y dejé caer mi brazo por el lateral hasta que mis dedos tocaron el suelo de madera… La uña de mi dedo índice parecía haber encontrado algo de entretenimiento entre el hueco de las viejas tablas… Ahora era lo único que sonaba…, pero… no fue lo único…


Poco a poco… mi dedo dejó de jugar… También estaba cansado… A mis ojos ya les costaba abrirse… también parecían rendirse… Hasta la oscuridad parecía hacerlo… Supongo que conoces ese estado en el que prácticamente estás dormido… pero no lo estás… Ese momento en el que una hora puede parecer un segundo… ¡Eso fue lo que tardó!…, un segundo… El suelo de madera crujió…, un chasquido que abrió mis ojos… ¡¡y no había sido mi dedo!! No vi nada… y no lo hice porque la oscuridad era ahora dueña de todo… Cada segundo que pasaba era una angustia tremenda… Mis manos recorrían todo lo que me rodeaba en busca del interruptor…, mi respiración se disparaba en busca de un aire que me faltaba… ¡¡click!!… La luz se encendió… Me quedé sentado en la cama…, miré a… ¡¡pum, pum, pum!!… Mi corazón parecía querer huir de mi pecho… La puerta estaba de nuevo abierta…, la mochila estaba en medio de la habitación… y la otra cama… estaba abierta…, como si alguien se hubiera tumbado sobre ella… Los escalofríos corrían bajo mi piel , mi cuerpo parecía una figura de cera… y mi cabeza no hacía más que preguntarse qué había pasado… Te aseguro que llamé a mi razón con todas mis fuerzas… Sabía que no encontraría explicación…


Me levanté a toda prisa… Cerré la puerta de un portazo y puse junto a ella todo lo que pude para impedir que volviera a abrirse… Me quedé frente a ella y reculé despacio sin perderla de vista…. ¡¡Pip!!… Ese sonido si que volcó mi corazón hasta dejarlo boca abajo… Había sido mi ordenador… Se había encendido…, lo había hecho solo… Contuve la respiración y lo busqué con la mirada… Allí estaba, sobre el escritorio…, abierto…, con la pantalla encendida… Parecía llamarme… No tuve más remedio que acercarme… Me puse frente a él y pregunté… “¿qué pasa?… ¿qué quieres?…”… Tres o cuatro segundos después… ¡la luz de la habitación se apagó!…, un segundo después… ¡lo hizo el ordenador!… … … lo hicieron mis ojos… Se cerraron, el tiempo se detuvo a la vez que la madera crujió tras de mi… Alguien había entrado a mi habitación…, alguien que ahora no podía salir… alguien que con heladora suavidad… puso su pequeña mano sobre mi hombro…


Ahora te preguntarás… ¿qué pasó?… ¿quién era?… ¿fue real?… ¿fue un sueño?… La respuesta es sencilla… fue el Miedo. Esa sensación de peligro que siempre nos acompaña, eso que nos hace cerrar los ojos y no querer abrirlos… para seguir soñando en clave de imaginación, de fantasía, de maravillosa pesadilla… ¿Que qué es el Miedo?… “…el Miedo no se define…, el Miedo… se siente…”…

Teo R.

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Próximamente verá la luz un libro repleto de relatos de terror que lleva por título “Déjame Salir”. Lo publicará la editorial Círculo Rojo. He tenido el placer de colaborar en el prólogo… Seguro que es el comienzo de futuras colaboraciones. Esta es alguna información referente al libro…

El libro:

«La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido». Así define uno de los magos del terror, H.P. Lovecraft, al miedo. Un miedo que vive en el folklore popular de todas las culturas, y en el subconsciente más profundo de cada persona. Desde el Romanticismo de finales del s. XVIII y principios del XIX, el cuento de terror ha estado presente, y de forma muy aplaudida, en el panorama literario.
Los relatos de Edgar Allan Poe o del mencionado Howard Phillips Lovecraft han desvelado las noches más oscuras de millones de lectores a lo largo de los años, y aún lo siguen haciendo, ahora con la ayuda de genios como Clive Barker, Anne Rice o Stephen King, que han dotado al género de las novedades propias de nuestro mundo actual, pero sin dejar de mirar a esos pioneros que nos sobrecogieron, hurgando en nuestros miedos interiores, en nuestras pesadillas, y en nuestra mente.
“Déjame salir” pretende ser un homenaje al terror, a esos cuentos que no podíamos dejar de leer, pero con la luz encendida; a esos fanzines ochenteros de horror; a esas películas que veías medio tapado con las sábanas, a la espera de un susto que llegaba cuando menos lo esperabas.
23 relatos que no te dejarán escapar. Déjate atrapar por los cuentos finalistas del I Certamen de Relatos de Terror de la Editorial Círculo Rojo. Te sorprenderás. Con Prólogo de Teo Rodríguez (Diarios del Miedo).

La historia:

Los miedos más profundos, los más cotidianos, los que te atormentan cuando estás solo, los monstruos (reales o no) que te persiguen en cada una de tus pesadillas… se incluyen en esta I Antología de Relatos de Terror que publica Editorial Círculo Rojo con los 23 finalistas de su certamen anual. Asesinos en serie, fobias, vampiros, monstruos ancestrales, fantasmas, terror psicológico, y hasta las nuevas tendencias del género que mezclan el terror con la crítica social, están presentes en “Déjame salir”. Ya estás atrapado, no podrás dejar de leer esta selección de historias y relatos que harán las delicias de los amantes de una forma de literatura muy de moda en la actualidad.
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Los hechos acontecieron en el lugar más tenebroso que la mente humana alcance a fabricar, en un lugar en el que sólo respirar el aire encerrado en su interior era capaz de hacerte sentir en compañía de alguien a pesar de tener la certeza de que nadie más estuviera allí contigo…

La noche era tranquila, abierta a la negrura, punteada con miles de estrellas que de vez en cuando se dejaban caer huidizas…, quizás sabedoras de lo que el destino ocultaba bajo ellas en ese lugar…, en ese viejo caserón. El edificio emergía retorcido de entre un mar de sauces llorones que abrazaban sus desgastadas pero firmes paredes…, paredes por las que ascendía la hiedra hasta perderse por todas y cada una de las ventanas que parecían llorar aterradas. Y es que allí… nada quedaba libre del espanto…

Baldosas grises, bañadas por la neblina que fluía a ras de suelo, salpicaban un embarrado camino que conducía hasta la puerta de entrada. Una enorme puerta de madera, negra como unos ojos cerrados, taladrada por el viento y lluvia…, abrasada por el sol, penetrada por el tiempo…

El viento, de tremendo esfuerzo, hacía lo imposible por balancear un oxidado columpio que se resistía a chillidos bajo los matorrales que cubrían sus retorcidos hierros. Parecía lamentarse, echar de menos lejanos y olvidados momentos llenos de sonrisas que iban y venían, que iban… y venían… Pero todo en aquel lugar parecía haberse ido…, todos se habían ido… ¿He dicho todos?…

La luna, como única lámpara encendida a esas horas de la madrugada, esbozaba ligeros reflejos grises que se abrían paso por ventanales y tragaluces, mostrando aun si cabe, un interior más inquietante y misterioso. Nada parecía lo que realmente era…, pero eso…, eso si era lo que parecía. Era él, El Sr. Eric Mapaud, el propietario de la casa, el dueño de aquel lugar…

La oscuridad lo cubría todo. El Sr. Mapaud yacía tumbado en el suelo, a los pies de unas resquebrajadas escaleras que conducían en amplia curva a la planta superior del caserón. Sus ropas ceñidas y aterciopeladas, antiguas pero de impecable aspecto, cubrían casi por completo su delgada figura. Una larga melena gris, tapaba a jirones la mitad de su rostro, la otra mitad descansaba apoyada en el piso. ¿Qué hacía allí tirado? ¿Qué le pasaba?… ¿Estaba muerto?…

Parecía despertar. Primero fue un dedo, luego otro…, a continuación fue la palma de la mano lo que arrastró sin fuerzas hasta llevarla a su cuello… Allí se detuvo, tanteó con delicadeza su nuca antes de ponerse en pié. Sus piernas temblaban frágiles, parecía que de un momento a otro cederían al peso de su cuerpo. Permaneció inmóvil unos segundos hasta asegurar que no regresaría a la posición en la que había despertado. Miró a un lado y otro…, buscaba con la punta de sus dedos algo que le fuera familiar. Pero parecía no reconocer nada…

El rostro de Mapaud reflejaba un estado desencajado, puntiagudos y ahuecados pómulos servían de base a unos profundos ojos negros carentes de expresión, que incrustados en delirantes cuencas, iban de izquierda a derecha en busca de una explicación a tan desconcertado estado mental.

- ¿Hay alguien ahí? – preguntó a la penumbra – ¿Hay…?…
Inmediatamente después de pronunciar aquellas palabras llevó sus manos a los oídos…, los golpeó y volvió a preguntar…
- ¡¿Hay alguien ahí?! – gritó mostrando, entre agrietados labios amoratados, unos descolocados y amarillentos dientes .

No sólo quedó sin respuesta…, lo inquietante es que él, no era capaz de escuchar sus propias palabras… Una y otra vez repitió la inútil llamada de auxilio que no hacía más que rasgar sus cuerdas vocales y hacer latir las venas que por momentos aumentaban en grosor a lo largo de su frente y cuello. Pero allí no había más que oscuridad…, una espeluznante quietud.

Paso a paso, tanteando con suma prudencia la barandilla de la escalera, el perdido Sr. Mapaud llegó a la planta superior. Ante lo borroso de sus ojos, tendido en la penumbra, un profundo pasillo invitaba a batirse en retirada. A pesar de ello, y dado que no podía fiarse de lo que dictaban sus sentidos, decidió adentrarse en él… Sus torpes movimientos le hicieron tropezar con un jarrón que cayó al suelo estallando en mil pedazos. No pudo verlo, tampoco escucharlo…, pero si pudo sentir los trozos golpear contra sus pies. Clavó las rodillas en el entablillado piso y buscó con sus manos aquello que le había golpeado. En plena investigación, algo llegó a él…, algo que rozó su brazo. Esto le hizo retirarlo sobresaltado de los restos de porcelana y ocultarlo tras de si. ¿Qué había sido eso? Mapaud apoyo la espalda contra la pared y guardó silencio. Apuró la respiración al máximo a la espera de cualquier otra señal que le diera pistas. Poco a poco, desde la lejanía sonora pero cercana presencia corpórea, Mapaud sintió, enredada entre sus piernas, una sigilosa caricia… Decidió armarse de valor ante lo desconocido y extendió su brazo hasta contactar con aquello que jugueteaba junto a él…

- ¿Poe?…, ¿Poe… eres tú?… – respiró aliviado tras reconocer quién había acudido a su llamada. Le era conocido, era Poe, un enorme y fiel gato negro que desde hacía años era su única compañía. Este hecho relajó los nervios de Mapaud. Ahora sabía que ese era su gato, los recuerdos llegaban con cuentagotas, pero lo fundamental es que llegaban. Sus oídos comenzaban a captar el ronroneo de Poe…, ¡ya podía escuchar sus propias palabras!, y lo más importante…

- Esta es mi casa… Si… estoy en mi casa… – dijo con amplia sonrisa sujetando entre sus manos la cabeza del gato.

Pero algo le puso de nuevo en alerta… Al fondo del pasillo…, de la oscuridad, surgió un destello cegador que automáticamente hizo que protegiera sus ojos tras los brazos. ¡Esto no puede estar pasando!, pensó. Quedo bloqueado, no fue capaz de reaccionar, no dijo una sola palabra… Dibujada en la luz, se distinguía perfectamente la silueta de una persona, que tras unos segundos de total parálisis se giró lentamente perdiéndose de nuevo en la penumbra… ¿Quién estaba allí?…

Mapaud lejos de asustarse, se levantó apretando los puños y mirando exactamente al lugar de donde había surgido la luz…, esa sombra humana. Una ira incontrolable ardía sin control en su mirada…

- Nadie entra en mi casa… – masculló entre dientes.

Dedicó una cómplice mirada a Poe elevando su dedo índice hasta sus labios…, antes de iniciar un cauteloso caminar que le llevó hasta la puerta de la que había surgido la luz. Una vez allí, pegó su cara a la puerta y escuchó algo que no fue de su agrado. Efectivamente al otro lado había alguien, al menos dos personas que entre risas, faltaban a su persona, pero no era eso lo que realmente encendió la ira en el interior de Mapaud. Lo que no estaba dispuesto a perdonar, es que aquellos intrusos hubieran osado a entrar en sus dominios…, en su casa…, en su habitación…

- Podéis reír cuanto queráis…, podéis hacerlo acerca de mi demacrado aspecto, de mi fina figura, de mi voluntaria y deseada soledad… ¡De mi vida!… – continuó en sus pensamientos – Pobre de vosotros, pobre desgraciados…, no sabéis donde os habéis metido… Reíd, reíd…, que ni siquiera os daré la oportunidad de arrepentíos… Jamás deberíais haber entrado aquí… Ahora simplemente, vais a pagar por ello…

Eric Mapaud volvía a ser el de siempre, un hombre poderoso que se crece ante la adversidad, un hombre que se alimenta de la soledad, del odio…

- ¡Qué más da! No os necesito, ¡No necesito a nadie! No me entendéis, jamás lo he necesitado… Ahora pasaré ahí dentro y borraré esas malditas sonrisas de vuestras caras… ¡Para siempre!…

Mapaud dejó caer con suavidad su mano sobre el pomo de la puerta y apretó hasta ver el blanco de sus nudillos… Su corazón no latía…, parecía contener toda la rabia en un último latido que estallaría justo al abrir la puerta arrasando con todo aquello que se interpusiera en su camino…

- ¡¡¡Qué demonios hacen aquí!!!… – gritó repleto de furia al abrir la puerta.

¿Has tenido alguna vez esa extraña sensación en la que el tiempo parece detenerse?… Eso es exactamente lo que ocurrió en esa habitación. Dentro no había dos hombres, había tres… El primero, un policía que estaba de pié junto a una cama, el agente sujetaba bajo el brazo una gorra que tardó un segundo en caer al suelo sin que éste reaccionara. Estaba pálido, con gesto rígido y desencajado, sus ojos carecían de mirada, estaban vacíos, no decían nada… El segundo hombre, era un fotógrafo que de cuclillas se disponía a disparar su cámara…, y lo hizo, hasta tres veces seguidas, tres flashazos que ni tan siquiera le hicieron parpadear. Su cara, de no ser por la incontrolable agitación que padecía, hubiera pasado perfectamente por un busto de cera… Ambos, se habían girado sobresaltados hacia la puerta. Quedaron petrificados, no entendían lo que había sucedido, lo que tenían ante ellos… y cómo lo iban entender… El tercer hombre…, colgaba de una enorme viga de madera… con una soga atada al cuello… Aquel hombre… estaba muerto, aquel hombre… era Mapaud.

Teo R.

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